Mayo 2026 Estrategia Acciones | ¿Qué tan expuestas están las empresas a las mayores tasas de interés?

Con el aumento de tasas de la Banrep en +200 pbs desde el 9,25% a inicios de año, quisimos analizar qué tan expuestos están los emisores a este cambio de entorno. Para esto, analizamos 13 emisores no financieros del mercado, buscando identificar cuáles concentran mayor exposición a tasas y dónde podría darse una mayor presión en resultados. El punto de partida es un entorno en el que la inflación se mantiene por encima del 5%, lo que ha limitado el espacio de recortes y ya empieza a reflejarse en un mayor gasto financiero, especialmente en la deuda indexada al IBR. 

Según los hallazgos del análisis, el grupo no parte de niveles elevados de apalancamiento (la mediana se ubica en 0,30x Deuda/Activos y 0,83x Deuda/Equity), pero las diferencias aparecen al mirar la composición de la deuda. Emisores como Grupo Argos, Celsia y Terpel concentran entre 94% y 100% en tasas variables (IBR + IPC), mientras que Ecopetrol, GEB y Mineros tienen entre 60% y 90% en tasa fija o en USD, lo que reduce de forma importante su exposición a movimientos en tasas. 

Al incorporar un escenario de +200 pbs, se observa una dispersión clara en el impacto sobre la utilidad neta. Celsia destaca como el caso más exigente, con una caída de −11,8%, explicada por una deuda variable equivalente a 1,96x EBITDA. En Éxito, el impacto es de −3,9%, con 83,4% de la deuda indexada al IBR y 93% de vencimientos en menos de dos años, mientras que TIN combina una exposición relevante al IBR (53%) con vencimientos completamente concentrados en el corto plazo. 

En contraste, emisores como Ecopetrol, ISA, Cementos Argos, Terpel, GEB y Mineros muestran impactos acotados, con caídas inferiores a −1,5% en la Utilidad Neta, reflejando estructuras de deuda más defensivas. El principal mensaje es que la sensibilidad a tasas no responde a un solo factor, sino a la combinación entre exposición al IBR, tamaño de esa deuda frente al EBITDA y presión de refinanciación. En ese sentido, el ejercicio funciona como una herramienta para identificar dónde está el mayor riesgo relativo, más que como una señal inmediata de deterioro financiero.